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Un mensaje del obispo

¡Virgen de Fátima, ruega por nosotros! 

(Noviembre 2017)
 
Mis queridos amigos,
 
Este año celebramos 100 años de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima a los tres niños pastorcitos en Portugal. María se les apareció una vez al mes a los jóvenes visionarios, desde el 13 de Mayo de 1917 hasta el 13 de Octubre del mismo año.
 
El mensaje de Fátima se puede extraer de las palabras
de María durante estas apariciones. Resalta las verdades
y devociones centrales de nuestra fe católica: La
Santísima Trinidad, la Eucaristía, la necesidad de hacer
penitencia, el rosario y los sacrificios por la conversión
de los pecadores. También hay un énfasis especial en el Corazón Inmaculado de María. Durante la segunda aparición, la Santísima Virgen le reveló a Lucía: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conduzca a Dios” ¡El Corazón Inmaculado de María es un refugio de amor maternal para todos nosotros y un camino seguro que nos lleva a Dios! Al final, su corazón prevalecerá porque María está llena de la gracia de Dios y es toda pureza. Ella tiene el corazón de una madre, que cuida de sus hijos. Ella desea que sean salvados por Jesús, su Hijo divino.

Fátima es una de las apariciones marianas más significativas. Es una de las tres apariciones honradas con un día de fiesta, junto a las de Lourdes y Guadalupe. De cuatro a cinco millones de personas visitan Fátima cada año y las cifras se incrementarán durante el año del centenario. El Papa Francisco visitó
Fátima en mayo pasado para canonizar a dos de los tres videntes, Jacinta y Francisco Marto, convirtiéndolos en los no mártires más jóvenes proclamados como santos por la Iglesia.

Primero, si resumiéramos el mensaje de Fátima, se podría encontrar en las palabras de María, cuando les dijo a los siervos en la fiesta de las bodas en Caná: “Hagan lo que Él les diga” Estas palabras reflejan el doble papel de María. Primero, ella es el modelo de discípulo que está subordinado a su Hijo, sus palabras reflejan la respuesta del pueblo escogido en el desierto, tal y como se narra en el Libro del Éxodo: “Todo lo que el Señor ha dicho, lo haremos”. Ella les pide a los siervos en la fiesta de la boda que escuchen a su hijo, tal y como el pueblo escogido escuchó al Señor en el Monte Sinaí.

Segundo, al llevarle las necesidades del anfitrión de la boda a Jesús y al alertar a los siervos a obedecerle, María actúa como intermediaria entre su hijo y los miembros de la casa. Ella presenta las necesidades de la gente a Jesús y les anima a lo largo del discipulado a seguir sus disposiciones.

Si deseamos vivir el mensaje de Fátima, todo lo que necesitamos hacer es cumplir las palabras que María
dirige a los sirvientes de las Bodas de Caná. El corazón del mensaje es este: El pecado conduce a la infelicidad, por tanto debemos dejar de pecar y arrepentirnos de nuestros pecados. Si lo hacemos, podremos disfrutar de las bendiciones de Dios en el momento y por la eternidad. Sin embargo, existen razones obvias del por qué encontramos tan desafiante el proyecto de vivir nuestras vidas.

Dios nos ha dado la libertad de elegir y ejercemos este don con una vida que está lesionada por el pecado
original como resultado de la rebeldía y desobediencia de nuestros primeros padres en el Jardín del Edén.
Somos tentados por el materialismo, por la tendencia a considerar las posesiones y la comodidad como algo más importante que los valores espirituales. Nos encontramos también con el secularismo, que es un rechazo a la fe y a la religión. Asimismo, debemos enfrentarnos con el relativismo, con esa actitud que sostiene que no hay absolutos morales y que la verdad es subjetiva y determinada por la sociedad. Y por supuesto está el diablo, que se aprovecha de nuestras debilidades y hábilmente utiliza las realidades culturales antes mencionadas para debilitar nuestra fidelidad a Cristo.

¡Para abrazar el mensaje de Fátima, y contrarrestar estas tendencias, debemos rezar! María instruyó a los niños pastores a rezar el rosario. Ella, incluso se nos reveló como nuestra Señora del Rosario. Permanecemos cerca de su Hijo por la oración, pero especialmente al recibir la Eucaristía y al pasar tiempo en adoración ante el Santísimo Sacramento - Jesucristo presente en medio de nosotros de una
manera real y maravillosa.

Dediquemos nuestro ser a la oración, especialmente al rezo del Santo Rosario. Alejémonos del pecado, hagamos una generosa reparación en favor de los pecadores y oremos por la paz en el mundo. ¡Virgen del Rosario, Virgen de Fátima, ruega por nosotros!
 
Sinceramente suyo en el Señor,
Reverendísimo David J. Walkowiak