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March 2007 Issue
Bishop's column
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Mis estimados
amigos y amigas,
El Miércoles de Ceniza, fuimos marcados de nuevo
con la señal de las cenizas para simbolizar el
principio de nuestra jornada de Cuaresma y de nuestra
buena voluntad de emprender el camino que nos lleva a
la Pascua con los corazones y las |
mentes renovados por la palabra de Dios y
por nuestras propias prácticas penitenciales.
Las disciplinas de Cuaresma de ayuno, de caridad
y de oración, prescritas a nosotros por la Iglesia,
se emprenden en memoria de la pasión de Cristo
así como para recordarnos a nosotros mismos de nuestra
propia necesidad de arrepentimiento y de conversión
continua.
El tiempo penitencial de Cuaresma nos ayuda
a prepararnos para las grandes celebraciones del misterio
del Sagrado Triduo Pascual, el Jueves y Viernes Santo y la
Pascua. Durante esta época de preparación espiritual
intensa, nos alistamos para renovar nuestras propias promesas
bautismales en Pascua. Apoyamos a nuestros catecúmenos
que se están preparando para el bautismo y los candidatos
que serán recibidos en la Iglesia Católica en
la Vigilia Pascual.
Mientras refl exiono sobre la Cuaresma en
estos días, lo hago de una perspectiva muy diferente
de la que tenía cuando era joven. La Cuaresma parecía
ser una época temida en la que muchas cosas que tuve
gusto de hacer eran prohibidas. Cuando joven, acostumbraba
ir a las películas del sábado por la tarde con
amigos. ¡Eso estaba prohibido! ¡Caramelos y otros
postres o dulces estaban prohibidos! Y, por supuesto, que
me
cansaba de los macarrones con queso. Algo muy bueno en aquellos
días, era que las prácticas acostumbradas de
Cuaresma cesaban al mediodía del Sábado Santo
– yo iba corriendo a ver películas – no
una acción muy espiritual. No me referiré siquiera
a la noción de asumir cuaresma como un tiempo de dieta
y no de ayuno. Con una fe más madura y más profunda,
Usted, como yo, aprecia y entiende que la Cuaresma es una
oportunidad para acercarnos al Señor y de examinar
nuestras vidas y prioridades a la luz
de las enseñanzas de Cristo, y de refl exionar en nuestro
amor y preocupación por el prójimo, local y
globalmente. Las prácticas cuaresmales de nuestra juventud
eran de valor y nos recordaban la Cuaresma pero carecían
de la profundidad que la sabiduría de los años
traen.
Nuestros esfuerzos de Cuaresma nos conducen
a la Semana Santa cuando nos reunimos en el Domingo de Ramos
para celebrar la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén,
seguido rápidamente por los hechos de la pasión.
Aquí en la diócesis de Grand Rapids, nuestros
sacerdotes, diáconos, religiosos(as) y los representantes
de todas nuestras parroquias se reunirán conmigo para
la misa de los Santos Oleos en la tarde del martes de la Semana
Santa para celebrar los dones del sacerdocio, del la Eucaristía
y para bendecir los Oleos Sagrados. Los oleos serán
utilizados en nuestras parroquias durante el año para
los bautismos, la unción de los enfermos y las confi
rmaciones.
Durante el Jueves Santo, nos reuniremos en
nuestras parroquias para celebrar la misa de la Cena del Señor
que
marca la institución de la Eucaristía. El Viernes
Santos, recordaremos la muerte del Señor y, en Pascua,
su victoria triunfante sobre el pecado, la oscuridad y la
muerte. Es durante la Pascua que recibamos y damos la bienvenida
formalmente a nuevos miembros de la Iglesia con el bautismo.
Les animo a que entren en estos misterios
sagrados participando en todas las celebraciones de la Semana
Santa que ocurren en su parroquia. Jueves Santo, Viernes Santo
y Pascua son los grandes días santos de la Iglesia.
También sería un honor el que usted me acompañé
en la Catedral de San Andrés durante estos grandes
días santos.
De hecho, a través de toda la cuaresma,
le animo a que participe en las celebraciones de la Eucaristía
en sus parroquias así como en programas de formación
de la fe durante la Cuaresma, devociones y oportunidades especiales
de celebrar el sacramento de la reconciliación. Invito
a cada uno a que utilice este tiempo de gracia para acercarse
al Señor y a al prójimo.
Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado y Cristo
vendrá otra vez.
Regocijémonos en su victoria y nuestro compartir en
esa victoria.
Que las bendiciones de Dios estén con
usted.
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