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April 2007 Issue

Bishop's column

Cada año durante la Semana Santa se lleva a cabo en la Catedral de San Andrés una de las liturgias más hermosas y signifi cativas. Se llama la Misa crismal. En esta Misa los Oleos Santos son bendecidos y consagrados. Estos son los óleos usados durante el año en cada parroquia de la diócesis para los sacramentos del bautismo y la unción de los enfermos.
Son utilizados también en nuestras parroquias el Sábado de Gloria para la plena iniciación de los catecúmenos y candidatos por medio del bautismo y la confi rmación antes de la bienvenida a la mesa del Señor en la Eucaristía.

Asimismo, la Misa crismal es una celebración del ministerio sacerdotal. Esta celebración es particularmente alegre porque representantes de cada parroquia y comunidad o institución católica, tales como nuestros hospitales católicos o casas de ancianos, están presentes en la catedral colmada. Ellos son seleccionados en su propia parroquia o comunidad porque ellos mismos podrán ser ungidos con estos óleos durante el curso del año: por ejemplo, los candidatos para el sacramento de la Confi rmación o los adultos que serán recibidos en la Iglesia en la Vigilia Pascual. A veces los representantes son escogidos porque ejercen su ministerio con los enfermos o instruyen a los candidatos y catecúmenos o son sus padrinos. Yo estoy pensando especialmente en el uso que haré del óleo perfumado llamado crisma, dentro de pocos meses, para ungir las manos de tres hombres y consagrarlos como sacerdotes de Cristo al servicio de nuestra diócesis, ellos son los Diáconos: Matthew J. Barnum, Victor Kynam, y Mark E. Peacock.

Ese será un día especial de alegría para todos nosotros. En la Misa crismal, casi cien sacerdotes estarán presentes para concelebrar conmigo. Los voy a guiar en una renovación solemne de su compromiso sacerdotal ante la comunidad congregada. La comunidad, a su vez, orará por nuestros sacerdotes y por el continuo don fi el y generoso de si mismos al servicio de Cristo y nuestro pueblo. El año pasado celebré la Misa crismal como su Obispo diocesano.

La primera vez que tuve el privilegio de presidir esta liturgia en nuestra diócesis fue como celebrante invitado por el Cardenal Adam Maida quien era el administrador apostólico en aquel momento. Eso fue poco tiempo después de la muerte repentina e inesperada del Obispo Kevin Britt. Yo bromeaba en esa oportunidad que estaba disfrutando tanto de la celebración que hubiera querido hacer maletas para una estadía más larga. Bueno, por la gracia de Dios, aquí estoy con ustedes, la Iglesia de Grand Rapids, invocando nuevamente la bendición de Dios sobre estos óleos sagrados. Un modo especial en que nosotros los católicos celebramos la continua obra de Cristo en nuestra Iglesia y en nuestro mundo es bendiciendo y consagrando el aceite de oliva con fragancia y especias y utilizándolos en nuestra adoración a Dios.

El verdadero signifi cado de la palabra "Cristo" es "el Ungido" y nosotros, sus seguidores, somos llamados "Cristianos" porque somos ungidos con su Espíritu Santo. En las Escrituras, la unción con óleo se daba tradicionalmente a los reyes y profetas. Era como una señal de que los ungidos recibían poderes de Dios para el cuidado especial de su pueblo. Jesús, más que todos, es el Ungido de Dios. Su amor y cuidado por nosotros lo llevó a ofrecer su vida para que todos pudiéramos compartir en la vida de Dios.

Él, a su vez, ahora nos unge a nosotro: para sanarnos y fortalecernos; para otorgarnos poder en el servicio de su pueblo, y para darnos el gozo de la vida de Dios en nuestra vida diaria. Es por eso que, desde la catedral en la Misa Crismal, entregamos estos humildes y sagrados oleos a sus representantes parroquiales. Ellos se los llevarán a ustedes, para tomar un lugar de honor en todas nuestras iglesias. Ellos son la señal de que el Cristo viviente está trabajando en medio de nosotros. Cada año en esta época, como comunidad diocesana, usted está invitado a participar en la Apelación anual a favor de los Servicios Católicos (CSA), "Sirvan con Alegría."

Es por medio de CSA que podemos promover la misión y el ministerio de la Iglesia aquí en nuestra diócesis y más allá de ella. Juntos, como iglesia diocesana, la CSA asiste a cada parroquia para proveer servicios y ministerios que ninguna parroquia sola puede proveer. El fi n de semana de CSA 2007 es el 28 y 29 de Abril. Usted encontrará información adicional acerca de esta importante apelación en la página 28-29 de esta publicación y también la recibirá en sus parroquias. Estoy muy agradecido por su generosidad en el pasado y sé que puedo contar con ella este año y en el futuro. ¡Un santo tiempo de gozo Pascual para ustedes!

Que las bendiciones de Dios estén con usted. - Obispo Walter A. Hurley.


 

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