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May 2007 Issue

Bishop's column

Con la nieve toda derretida, muchos de nosotros estamos con ganas de ver las señales de primavera. Asear y plantar, sacar las sillas y mesas de campo, limpiar los garajes y sótanos, estas son algunas de las actividades que la primavera inaugura. Muchos parecen salir de la oscuridad y del encerramiento hacia la luz y al abierto.

La gente que camina, los gimnastas, los jugadores de béisbol, los ciclistas - parece que todos quieren estar nuevamente en movimiento después de las heladas y nieve del invierno. Me alegra poder observar y ser parte de algo parecido que sucede a nivel espiritual. Nosotros católicos y otros cristianos recién hemos salido del tiempo de Cuaresma, que es tiempo de un despertar espiritual, del mismo modo que primavera es el tiempo en que toda la naturaleza en derredor vuelve a despertar. Hemos celebrado el gran don de la Resurrección del Señor.

Tenemos nueva vida porque Aquel que ha resucitado nos ha traído su nueva vida. Y lo que hacemos cuando tenemos nueva vida en el Señor es acercarnos más a él y a su misión. Felizmente nos movemos con él y en su poder al extenso campo de nuestro mundo. Ejercemos nuestro ministerio con energía renovada. Veo que esto sucede en las Primeras Comuniones que se llevan a cabo durante la primavera en todas las parroquias de la diócesis. Nuestros niños, con la ayuda de sus padres y maestros, con alegría toman su lugar de derecho en la mesa del Señor. Toda la familia parroquial se refuerza cuando nuestros niños reconocen el Señor resucitado en los signos humildes del pan y el vino. Y cuando la comunidad parroquial es revitalizada por medio de la Primera Comunión de sus hijos, y lo mismo cuenta para la comunidad de fe diocesana. Nuestra fe común y unión con Cristo se hacen aun más fuertes. Lo mismo sucede con las celebraciones del sacramento de la Confi rmación que tienen lugar durante este tiempo. Cuando yo estoy en la Catedral de San Andrés con todos los jóvenes candidatos para Confi rmación, siento la energía y poder del Espíritu de Cristo renovando nuestra Iglesia en ellos. Ellos son los jóvenes discípulos de Jesús. Les debemos nuestro mejor ejemplo y acompañamiento atento. Ellos ya están llevando el Evangelio y la Iglesia a nuestro mundo y continuarán haciéndolo hasta el fi n de este siglo. Son tan prometedores para la fe como cualquier primavera. Como ustedes saben se ha estableciendo una nueva parroquia que servirá la comunidad católica en la zona de Allendale. Se llama St. Luke University Parish; servirá también a los estudiantes y la comunidad del campus de Grand Valley State University. Esto será una primavera de fe para la zona. Del mismo modo que San Lucas, el patrón de la nueva parroquia, anunció el Evangelio, así esta nueva comunidad dará testimonio de Cristo.

Como Obispo me complace ser testigo de estas señales de brote y fl orecer en nuestra comunidad de fe. En manera especial, felicito a los maestros, los padrinos, y los padres de nuestros jóvenes que pacientemente han traído a sus hijos más cerca de nuestro Señor y la misión que El comparte con nosotros. Es maravilloso y digno de gratitud ver como la comunidad diocesana se remanga en ese mismo espíritu de fe y contribuye generosamente al fondo común para asistir a los pobres, atender a los necesitados y proveer la formación religiosa para nuestros jóvenes y futuros pastores. ¡Estos son señales de gente cuya fe es viva y vibrante!

Que las bendiciones de Dios estén con usted. - Obispo Walter A. Hurley.


 

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