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“El Señor es Misericordioso lento a la ira y rico en clemencia” (Salmo 103,8)

La Divina Revelación es el proceso a través del cual Dios mismo nos comunica quien es Él. Este proceso tiene su propia pedagogía y se va dando de forma gradual a través de la historia de la salvación. Ya desde el Antiguo Testamento el pueblo experimenta el amor misericordioso de Dios, los profetas anuncian la encarnación de la misericordia y Juan el Bautista lo identifica en medio de su pueblo "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn.1,29) y nosotros continuamente celebramos la misericordia de Dios en las celebraciones sacramentales.
 
¿Qué nos dicen las Sagradas Escrituras acerca de la Misericordia de Dios?
La relación de Dios con su pueblo es una relación de amor a través de un pacto sagrado que se conoce como “La Alianza,” esta alianza está basada en la relación de amor y de respecto por parte de Dios y su pueblo. “Yo los haré mi pueblo, y yo seré su Dios; y entonces sabrán que yo soy el Señor, su Dios.” (Ex.6, 7) Por lo que Israel debe ser fiel a la alianza. Sin embargo, el pueblo de Dios no siempre respeta este pacto sagrado y comete pecado, siendo así infiel a la alianza y las consecuencias de sus actos los llevan al sufrimiento, al dolor, a la guerra, y a la esclavitud. No obstante, la posición del Señor frente a su pueblo es la de un Dios fiel a sus promesas y orienta a su pueblo a través de sus enviados; ya sean los líderes de las tribus, los patriarcas, los jueces, los reyes, los profetas o los mismos ángeles.
 
En el libro de Ezequiel Dios dice que “El no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva” (Ez. 33: 11)
 
Los profetas juegan un papel importante en la historia de salvación, son precisamente ellos los encargados de llevar la Palabra de Dios para crear conciencia en medio del pueblo.
 
Experiencia del Pecado y Experiencia de la Misericordia de Dios
Una de las historias más recordadas en el Antiguo Testamento se encuentra en el segundo libro de Samuel donde se nos cuenta la historia del rey David y su pecado. El resultado de su pecado es el dolor, el sufrimiento, la muerte de su hijo y un profundo arrepentimiento. David clama a Dios en su dolor y lo reconoce como una fuente de amor y perdón. El Salmo 51 es la expresión máxima de oración de este momento difícil en la vida del rey David y nosotros debemos hacer nuestras esas palabras: “Misericordia, Dios mío por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa…”
 
Jesucristo es la plenitud de la Revelación
Jesús es la misericordia de Dios hecha carne. Ya desde el Antiguo Testamento se profetizaba la venida del Mesías para traer la sanación a los enfermos, libertad a los cautivos y esperanza a los pobres. Jesús nos muestra el rostro misericordioso de Dios y a través de su predicación y su ministerio nos lleva a experimentar a este Padre amoroso y misericordioso. (Lc 15)
 
La Misericordia presente en la liturgia sacramental
La Iglesia nos invita no solo ha experimentar la misericordia de Dios sino también a bendecir y alabar a Dios por su misericordia. Por eso en el año 2000 el papa Juan Pablo II introdujo la celebración del domingo de la Divina Misericordia y designó que el Segundo Domingo de Pascua todos nosotros, los hijos de Dios, dedicáramos tiempo a la oración, meditación y pusiéramos en el centro de nuestras vidas la misericordia del Señor.
 
La Coronilla de la Divina Misericordia se ha convertido en una herramienta espiritual para todo creyente, a través de la cual pedimos perdón por nuestros pecados y por los del mundo entero.
 
Como aplicar la frase: “Sean Misericordiosos como su Padre Celestial es Misericordioso” (Lc 6: 36)
 
Los cristianos estamos llamados a construir el Reino de Dios en nuestra sociedad. Cada regalo que nosotros recibimos de Dios es el mismo que nosotros debemos compartir con los demás. El recibir el inmenso amor de Dios nos lleva a nosotros a compartir y amar a todos aquellos que nos rodean, siendo la experiencia del perdón una de las más grandes de nuestra vida cristiana, porque Dios es misericordioso, nos ama hasta el extremo y nos perdona nuestros pecados transformándonos en criaturas nuevas. Esto nos conlleva a perdonar a todos aquellos que nos han ofendido así como lo expresa la oración del Padre Nuestro. En otras palabras somos administradores del amor y de la misericordia de Dios. No caben palabras en el vocabulario del cristiano tales como: “yo perdono pero no olvido”. El perdón viene de lo profundo de nuestro ser, de la profunda experiencia de Dios y solo a través del poder del Espíritu Santo podernos ser instrumentos de su amor y del perdón.
 
El Padre Luis F. Garcia fue ordenado sacerdote en Junio 4, 2011. El es sacerdote associado en San Pedro y San Pablo (Ionia) y en la Iglesia de San Eduardo (Lake Odessa).