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Un mensaje del obispo

Escuchando la voz de Dios en todos los momentos de la vida (Julio/Agosto 2016)
 
Mis queridos amigos,
 
Creo que mi llamado al sacerdocio vino del Señor Jesús mediante el impulso del Espíritu Santo: “no me eligieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los he puesto para que vayan y den fruto que permanecerá…”
(Jn 15: 16) Pero Dios se comunica con nosotros a través de las experiencias ordinarias de la vida. El catolicismo y la vida de la Iglesia fueron muy importantes en mi familia. La fe era una parte tan esencial en nuestra casa que parecía tan normal como respirar. lbamos a la Iglesia, mis hermanas y yo, junto con nuestros padres. Nunca perdimos la misa mientras estábamos de vacaciones y nunca nos quejamos para participar. Asistimos a escuelas católicas. Sabíamos que nos esperaban para hacer nuestras oraciones y así lo hacíamos. Un creciente hábito de oración y el deseo de recibir la Sagrada Comunión me abrieron a la idea de ser sacerdote.
 
Pero eso no fue todo. Hubo sacerdotes en mi vida que ejercieron una poderosa influencia haciendo atractivo para mí el sacerdocio. Mi tío, Monseñor Edmund Mondzelewski, era el párroco de la Iglesia de San Pedro y San Pablo en Garfield Heights, Ohio. ¡Él era la persona más feliz y agradable que jamás haya
encontrado! Tenía un gran sentido del humor y una gran sonrisa. Su familia y parroquianos lo amaban y lo respetaban. ¡Era una verdadera influencia! Además, yo tuve un primo, el Padre Dominic Mondzelewski, quien se hizo monje benedictino. El también inspiraba respeto y admiración, era maravillosamente amable y encantador. Así que en mi familia hubo dosgrandes sacerdotes.
 
Además, el párroco en mi Iglesia, Santa Bernadette en Westlake, Ohio, el Padre Joseph Dempsey, fue un hombre bueno que siempre me animó a pensar en ser sacerdote. Su sugerencia dejó una impresión en mi durante los años de escuela primaria. El sacerdote que me ayudó a darme cuenta de que necesitaba
tomar en serio mi inclinación vocacional fue el padre Thomas McNally, CSC, quien era el director de vocaciones de la Universidad de Notre Dame.
 
Fue un gran mentor, amigo y guía a lo largo de mis años de universidad y me ayudó en el discernimiento que me condujo a aplicar en el seminario diocesano después de graduarme de Notre Dame. Cada llamado a una vocación es único, quizás una experiencia común es que hay un número de factores, circunstancias y acontecimientos que se conjugan para afinar el llamado a la vocación sacerdotal. Cuando esto finalmente ocurrió en mi propia vida, lo reconocí, lo acepté y después experimenté una gran calma y paz interior.
 
Lo que más recuerdo de la misa de mi ordenación no es de carácter espiritual. Recuerdo el excesivo calor que hacía dentro de la Catedral de San Juan Evangelista en Cleveland. El aire acondicionado se había
descompuesto el día anterior y creo que se sentía un calor como de 85 grados dentro de la catedral. ¡A la mitad de la misa, mis compañeros y yo recibimos toallas para secarnos el rostro y la cabeza! Diecisiete
hombres fueron ordenados al sacerdocio ese día en 1979.
 
Después de tres años de ser obispo, estoy convencido de que la vocación no es una realidad estática; continúa cambiando y creciendo. Nunca imaginé que mi vocación sacerdotal evolucionaría hasta el punto
de convertirme en obispo. ¡Todavía estoy aprendiendo - y mucho! Creo que el Espíritu Santo sigue haciendo brillar su luz sobre nuevas áreas de mi ministerio apostólico. Para mí, la clave está en reconocer estas inspiraciones y esforzarme por responder a las mismas.
 
Hasta el momento estas inspiraciones me han llevado a promover y fortalecer a las escuelas católicas, acoger y apoyar a la comunidad hispana y sus ministerios y restablecer el programa de diaconado permanente.
 
Por supuesto que otras áreas del ministerio necesitan ser abordadas, ejemplo de ello es la formación de ministros eclesiales laicos y, como nos lo recuerda el Papa Francisco, hacer obras de caridad al servicio de los más necesitados que están en medio de nosotros. Sobra decir que la Iglesia debe encontrar formas eficaces de anunciar la buena nueva, la “nueva evangelización” y continuar dedicada a esta misión. Es mucho pedir, pero el Espíritu Santo no llega a nosotros con las manos vacías. Por eso disfruto lo que hago y tengo confianza en el futuro. ¡Dios es el encargado! 
 
Sinceramente suyo en el Señor,
Reverendísimo David J. Walkowiak